Navarra mantiene en 2026 la deducción del 60% por eficiencia energética
El Gobierno de Navarra ha decidido prorrogar a 2026 las deducciones en el IRPF por obras de eficiencia energética en vivienda, un incentivo que puede llegar a un ahorro fiscal del 60% del coste de la reforma. La medida, aprobada dentro de un paquete tributario para amortiguar el impacto de la crisis energética, confirma una tendencia de fondo: en Navarra, ahorrar energía en casa ya no es solo una cuestión de factura, sino también de impuestos.
Para quien está pensando en cambiar de vivienda en la Ribera del Ebro o en la zona media de Navarra, esta noticia tiene una lectura muy concreta. Conviene entender qué premia exactamente la deducción, a quién beneficia y por qué la obra nueva eficiente parte de una posición distinta a la de una casa antigua que hay que reformar entera.
Qué premia la deducción
La filosofía de estas deducciones —tanto la foral navarra como la estatal de la que bebe— es siempre la misma: cuanto más mejora una vivienda su comportamiento energético, mayor es el porcentaje que te puedes deducir. A grandes rasgos, el incentivo se mueve en una horquilla que llega hasta el 60% en función del alcance de la obra:
- Actuaciones puntuales que reducen la demanda de calefacción y refrigeración (cambiar ventanas, mejorar el aislamiento de un muro o de la cubierta).
- Reformas de mayor calado que recortan de forma significativa el consumo de energía primaria no renovable, normalmente sustituyendo el sistema de climatización por uno eficiente.
- Rehabilitación energética del edificio completo, el tramo que alcanza los porcentajes más altos y que suele exigir una mejora demostrable en la calificación energética.
La clave es que casi siempre hay que demostrar el salto de eficiencia con un certificado energético emitido antes y después de la obra. Sin esa mejora acreditada, no hay deducción. Por eso las reformas serias de eficiencia se diseñan con un técnico desde el principio, no se improvisan.
La paradoja de la obra nueva
Aquí aparece una paradoja interesante. Estas deducciones existen, sobre todo, para empujar la reforma del parque de vivienda antiguo: edificios de los años 60, 70 y 80 con aislamiento escaso, calderas de gasóleo y ventanas de una sola hoja. Son las casas que más energía desperdician y, por tanto, donde el incentivo tiene más sentido.
La obra nueva juega en otra liga. Desde la entrada en vigor de la normativa de edificios de consumo de energía casi nulo (nZEB), toda vivienda nueva en España se construye bajo el Código Técnico de la Edificación con exigencias que hace quince años eran impensables: envolvente muy aislada, carpinterías con rotura de puente térmico, ventilación con recuperación de calor y, en la mayoría de promociones, aerotermia como sistema de climatización y agua caliente.
El resultado es que una vivienda nueva sale al mercado con calificación energética A de fábrica. No necesita la reforma que la deducción intenta abaratar, porque ya nace en el escalón más alto. Para hacernos una idea de la diferencia, una vivienda eficiente bien diseñada puede consumir aproximadamente la mitad —o menos— que una vivienda equivalente de hace cuatro décadas sin rehabilitar. Ese ahorro no llega una vez al año con la declaración: aparece cada mes en la factura de luz.
Si quieres profundizar en cómo funciona el sistema que está detrás de buena parte de ese ahorro, lo explicamos en detalle en nuestro artículo sobre aerotermia en obra nueva.
Comprar para reformar o comprar ya eficiente
Con la deducción sobre la mesa, mucha gente se plantea la disyuntiva clásica: ¿compro una vivienda antigua más barata y la reformo aprovechando el incentivo fiscal, o compro directamente obra nueva eficiente?
La deducción ayuda, pero no cubre el coste íntegro de una rehabilitación energética, que en una vivienda completa puede suponer una inversión muy relevante en aislamiento, ventanas y sustitución de instalaciones. Y mientras dura la obra —que rara vez es rápida— la casa no es habitable o lo es a medias. A cambio, el inmueble de partida es más barato.
La obra nueva invierte la ecuación: pagas desde el principio por una vivienda que ya está en clase A, sin obras, sin sorpresas y con la garantía del promotor. No accedes a la deducción por reforma, sencillamente porque no hay reforma que hacer, pero tampoco asumes su coste ni sus plazos. Para una familia que quiere entrar a vivir y empezar a ahorrar en la factura desde el primer mes, la cuenta suele salir a favor de la obra nueva.
Qué significa esto en la Ribera y la zona media
En los municipios donde trabajamos, esta lógica es muy palpable. Las casas unifamiliares de MH Azagra y de MH Villafranca se entregan con los estándares de eficiencia que hoy exige la normativa: buen aislamiento, aerotermia y calificación energética alta. Lo mismo ocurre con los apartamentos de MH San Adrián y con el proyecto de MH Haro en la Rioja Alta.
Para el comprador, el mensaje de fondo de la prórroga fiscal navarra es claro: la administración está dispuesta a pagar para que las casas consuman menos. Quien compra obra nueva ya tiene resuelta esa parte del problema y se ahorra el trámite, la obra y la incertidumbre. La eficiencia no es un extra que haya que añadir después; viene incluida.
En resumen
La prórroga a 2026 de la deducción del 60% por eficiencia energética es una buena noticia para quien tiene una vivienda antigua y quiere modernizarla. Para quien busca cambiar de casa, refuerza un argumento que ya pesaba: una vivienda nueva y eficiente evita la reforma, recorta la factura desde el primer día y se entrega con garantías.
Si quieres que te contemos cómo es la eficiencia energética de nuestras viviendas y qué supone en consumo real, escríbenos a mh@manzanos.com o consulta cada proyecto en la web. Te ayudamos a comparar con números, sin compromiso.